Se puede cantar en la ducha y cantar en un karaoke, o con el boli que hace de micro improvisado (que sí, reconócelooooooo, y a veces te pintas como si no hubiera un mañana porque no tiene capuchón ) haciéndote unas risas, y sentirte genial. Se puede cantar cuando llevas dos cervezas en tu cuerpo serrano y pierdes la vergüenza,  y se puede cantar en el coche en medio de un atasco, y notar el subidón que te produce la música o cómo el enfado se va por la ventanilla mientras “Freddy Mercury” , “Mozart”, “El Puma”  o “Los Pecos” invaden tu tímpano y rebotan en tu martillo orejil que no el pilón, (que para gustos ya se sabe). Se puede cantar solo mientras corres con los auriculares cerca de tu casa (en la operación “truchete” perder algún kilete),  y se puede cantar en grupo un “cumpleaños feliz” en una fiesta abrazados y sonriendo al ver la cara del homenajeado a veces hasta desentonando que es lo que le da el toque desenfadado y “cool” jajajajajaja.

Peero y ahí viene el peeero, síiiiii ese que estabais esperando, no todo el mundo tiene la suerte de cantar con un grupo al que le une no sólo el gusto por la música sino más cosas, de esas del corazón, de las de sentimiento del bueno, de esas que no puedes explicar, viviendo las letras y el ritmo como si  de pronto el aire te elevara y te hiciera flotar, dirigidos por alguien en quien confías a ciegas, delante de un arzobispo y de un montón de personas anónimas en una celebración sobre la misericordia ….y en la catedral de tu ciudad, (en este caso Madrid) «La Almudena».

Somos privilegiados, de verdad, y no hay que perder esto de vista nunca. Al principio sentados esperando nuestro turno, después de una prueba de sonido un pelín caótica, dada la reverberación tan enorme en la catedral,  (que de paso hay que decir que impone un “kínder”), con los nervios típicos de cada vez que salimos (que esos no nos los quita “naide payo” aunque hayas hecho 200 bolos por Torredonjimeno). Algunas miradas de complicidad, lecturas de letras para afianzar mientras escuchas a los que van antes y que lo hacen de cine….algún comentario de “son buenos”….Y los nervios de los que debutaban.

Pero cuando salimos sabemos que tenemos algo diferente. No somos los mejores ni tenemos una formación musical de conservatorio la mayoría, (algunos sí y magnífica como nuestra jefa o Rosana), pero hay algo que ocurre cada vez que salimos, y es que nos transformamos gracias a ÉL. Como dice la canción con la que empezamos, y de la que MATINA siempre habla, esa pequeña lamparita o luz que llevamos dentro, que es Él, de pronto se ilumina, se engrandece, nos llena por dentro y sale por todos los poros. Y eso es lo que transmitimos, y se nota. Eso es lo que hace que contactemos y le lleguemos al público, sea en casa, en la del vecino, o en La Almudena. Es lo que hace que la gente de palmas, se levante de sus asientos y nos devuelva como un espejo todo eso que damos sin querer queriendo, no lo podemos evitar, y ellos tampoco ….ahí está la magia.

Nuestra fuerza es esa luz, y no es pequeña, cada vez es más grande. Somos más y más, y cada uno multiplica su luz con el de al lado, el de detrás el de delante …así que formar parte de una gran burbuja brillante cargada de amor y sentimiento es una gran privilegio, mientras las voces se unen y miramos hacia arriba, dando gracias.

THIS LITTLE LIGHT OF MINE……I´M GONNA LET IT SHINE.