¡GRACIAS!

por María Alberdi

 

Llevaba dos semanas sin comulgar… sin fuerzas… en combate.

Me sentía como una niña pequeña perdida en medio de la calle y no sentía su fuerza, aunque sí su presencia. No quería continuar. No podía.

Cada ensayo de los jueves me devolvía la alegría, pero era poner un pie fuera y se acababa la batería.

Lloraba en casa. Lloraba en el despacho. Se me estaba yendo la vida. Dejé de ver el sentido de la vida.

Quería irme con Dios… que todo acabase. Ya había sido hija, madre, esposa… Todo lo sentía mal hecho… pero hecho.

Me quedé sin voz. Tenía bloqueada la puerta del sagrario de mi corazón. Dios estaba ahí. Callado. Esperándome… conmigo, pero yo le tapaba la boca. No lo sabía.

Y me subí a aquel autobús con mi familia. Pensaba que era el demonio quien me había tapado la boca, pero ¡NO! Dios me decía: “Cállate y escúchame. María ¡Para!”

Mi familia estaba allí. Rezamos juntos. Estaba emocionadísima. No lo podía contar, pero una fuerza y un gozo, que no puedo explicar, se mascaba en el ambiente. Y tuve paz de Dios.

Mi familia… los misterios de mi Madre… Vuestra alegría.

¡Libertad! Así se apellida mi familia Matina Gospel. Nueva Jerusalén. Nueva vida para mi. Me abristeis todos vuestro corazón  y la puerta de mi sagrario quedó abierta.

Y nos vestimos de blanco y en aquél círculo sagrado con la unión de nuestras manos vino el Espíritu santo. Y me di cuenta de que yo era para él, que nada malo me iba a pasar. Tuve un secreto revelado. Entregarme  a Él.

Este concierto de Cáceres transformó mi corazón y mi alma. Canté exultante a Dios. Solo le veía a Él. Y hasta un hilo de voz me dio para hacer el salmo.

Luego me vino la paz aquel domingo y una serenidad  inmensa. Un nuevo proyecto de trabajo en mi cabeza  que le gusta al Señor… Llevaba meses mirando en otra dirección y fue comulgar y saberlo. En comunión con Dios, el Espíritu Santo y mi nueva familia

Dios me va a proveer de todo lo necesario para poder llevarlo a cabo. Había sido el necio que había enterrado el talento del amo.

Llegué a casa y les expresé a mis hijos lo que les amo. Y a mi gente.

Solo puedo agradecer a Dios el haberme puesto entre vosotros. Tengo y quiero ser María segunda voz. Ahora me llamo así, y soy para Dios y de Dios.

Sois mis ángeles y os quiero.

Matina, eso eres para todos … la luz de la mañana y quien nos hace despertar. Gracias por tu dedicación y amor.

Gracias a todos y cada uno de vosotros. Sois mi alegría.

Gracias Espíritu Santo

Somos de Dios y para Dios.

¡Aleluya!