Por Thelma LLoren

 

Eclesiastés 4:9-10

9 Mejor dos que uno, pues obtienen mayor recompensa en sus fatigas. 10 Porque, si caen, uno levantará al otro. Pero ¡ay si uno cae sin tener a nadie que lo levante!

¿Conocéis la pachira? Es una planta que viene de la América tropical y que recientemente ha sido introducida en el mercado de las plantas de interior porque cultivarla es fácil y su follaje verde queda elegante.  Sin embargo, lo que realmente aporta elegancia a la pachira es el habitual trenzado del tronco.  Esto se debe al cultivo simultáneo de tres plantitas que, según van creciendo sus tallos, se van trenzando y éstas crecen engrosando la base del tallo, quedando la parte superior más fina. Si las dejamos sin trenzar, se caen al suelo.  Gracias al trenzado la pachira se mantiene de pie y adquiere un aspecto indudablemente escultórico que complementa de forma espectacular el abultado follaje de la planta.

Al ver esta planta, me hizo pensar en nuestro Coro Gospel Matina y Gospel Libertad. Somos un grupo pequeño y estamos creciendo poco a poco. Cada uno de nosotros somos las plantitas de pachira que vamos creciendo y aprendiendo con nuestros compañeros. Nuestras vidas se van entrelazando y cada vez nos vamos conociendo y nuestra amistad va creciendo.

Pero hay alguien que realmente nos permite seguir de pie. Entre cada uno de nosotros y en medio de nosotros debe estar Jesús. Como la pachira sin entrelazar, podemos estar en la misma maceta durante años y sin Jesús en medio, crecer separados y experimentar menos beneficios de lo que Dios quiere que disfrutemos. Por otro lado, cuando nuestras vidas se entretejen con Dios, hay un mayor sentido de estabilidad y cercanía. Nuestra relación se fortalecerá. “Un cordón de tres hebras no se rompe rápidamente” (Eclesiastés 4:12).

Las amistades requieren cierto cuidado. Pero no nos olvidemos que cuidar estas relaciones implica la fusión espiritual para que Dios esté presente en el centro de cada vínculo importante. Dios es una fuente inagotable de amor y gracia, las cosas que más necesitamos para estar felizmente unidos el uno con el otro.  Aprendemos a perdonar y tener compasión, a aceptar con cariño las diferentes personalidades de cada uno.

Hacemos todo lo que Dios nos pide, y entonces vemos emerger la vida. Sabemos que todo fluye de Su gracia.  Es tentador creer que somos responsables de cambiar el corazón de alguien u obtener resultados con nuestros esfuerzos. Sin embargo, eso a la larga nos dejarán agotados. Dios hace que todas nuestras semillas crezcan y se conviertan en plantas fuertes y sanas. Es todo gracia.

Acabamos de hacer nuestra primera Adoración juntos. Un íntimo momento para estar con Dios, para hablarle, escucharle, sentado, de pie, arrodillado, postrado en el suelo, da igual cómo.  Lo importante es tenerle a Él en el centro. Con la adoración, aunque estemos concentrados en nuestra conversación con Dios, lo curioso es que nos estamos entrelazando nuestros rezos, nuestras mentes, nuestros espíritus y eso nos fortalece.

Tres plantitas con tallos delgaditos – trenzados juntos con Jesús en medio, se convierte en una planta robusta.

Señor, Te damos la bienvenida a nuestras relaciones en este humilde coro gospel. Con tu gracia y en nombre de Jesucristo, te pedimos que fortalezcas los lazos espirituales que compartimos para que se convierta en nuestra prioridad servirte y adorarte juntos.